11 febrero 2006

¿Puede influir la mente sobre el cuerpo?

por MÓNICA RODRÍGUEZ-ZAFRA
Actualmente, desde distintas áreas de trabajo se pone de manifiesto la influencia de la mente sobre el cuerpo. Los resultados que se obtienen mediante el entrenamiento en técnicas de biofeedback muestran que el estado mental condiciona en buena medida el estado corporal al demostrar que la intención del participante, un acto de la mente, modula las variables psicofisiológicas corporales. También los estudios que se han realizado sobre los efectos que los distintos estados de conciencia producen en el organismo ponen de manifiesto que los diferentes estados de la conciencia correlacionan con diferentes estados fisiológicos.

Uno de los estados de conciencia estudiados desde la perspectiva experimental es el alcanzado a través del entrenamiento en una técnica de meditación derivada de la tradición védica hindú que llegó a Occidente en 1959 denominada meditación trascendental. Esta técnica entrena la mente mediante la práctica de la concentración de la atención. Su estudio experimental cuenta con más de cuatro décadas de investigación en el ámbito académico y, a partir del gran número de estudios elaborados durante los años sesenta y setenta, la Asociación Psiquiátrica Americana manifestó, en 1977, su postura oficial ante la meditación reconociendo su posible valor terapéutico y recomendando su investigación.


Hasta ahora se han llevado a cabo más de 500 investigaciones sobre sus efectos fisiológicos y psicológicos en más de 200 universidades e institutos de investigación distribuidos en más de 30 países, trabajos rigurosos desde el punto de vista experimental que han sido publicados en revistas científicas de reconocido prestigio internacional. Sin embargo, ha sido en los últimos diez años cuando se ha realizado una investigación profunda y sistemática sobre los efectos de la meditación trascendental. Su evolución se ha caracterizado por la utilización de técnicas cada vez más sofisticadas en la medición de las variables dependientes, con un mayor control experimental, una mayor precisión en la selección de los sujetos estudiados y una descripción fenomenológica más concreta del estado meditativo.

Los primeros estudios sistemáticos publicados fueron la tesis doctoral de Wallace (elaborada en la unidad de medicina de la Universidad de Harvard, en el hospital de Boston y en la Universidad de California en Irvine) y los posteriores experimentos del propio Wallace y Benson. Estos autores constataron que durante la meditación se producía una disminución en el consumo de oxígeno y en la eliminación de dióxido de carbono, una disminución de la concentración de lactato en sangre (subproducto del metabolismo aerobio que se ha relacionado con la ansiedad y con los ataques de pánico), un aumento del riego sanguíneo a los músculos, un aumento de la resistencia galvánica de la piel (la baja resistencia de la piel correlaciona con altos niveles de ansiedad y viceversa), una disminución de la tasa cardiaca y un aumento de la frecuencia alpha en el registro electroencefalográfico en las regiones frontales y centrales del cerebro, observándose además, en algunos sujetos, ondas theta en las regiones frontales.

Las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento ilustran la interrelación entre el cuerpo y los estados de conciencia, pues ponen claramente de manifiesto que el estado de conciencia que se adquiere con la práctica de la meditación produce un patrón fisiológico característico. Patrón que se caracteriza por ser un estado de alerta relajada, es decir, se produce un estado de relajación del sistema nervioso periférico al tiempo que también se produce un estado de alta activación del sistema nervioso central.

MÓNICA RODRÍGUEZ-ZAFRA, profesora titular del departamento de Psicobiología de la facultad de Psicología de la UNED, Madrid

1 Comments:

At 12:16 a. m., Anonymous Anónimo said...

Intersante las temáticas que estás abordando. El mundo pronto girará en ese sentido, en la búsqueda de experiencias tranquilizantes, relajantes, de otros estados de conciencia. La convulsión en la que vivimos ya demostró su fracaso.

 

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