22 febrero 2006

La Numerología y el Desarrollo Personal

por Alfonso Baraona Sotomayor

Mucho se habla hoy sobre el desarrollo personal y cada día aparecen nuevas ediciones de libros relacionados con el tema. Por otra parte, existe un interés creciente por una búsqueda de respuestas a esa inquietud por el crecimiento interior. Ésta se explicaría como una reacción frente al materialismo imperante. Pero también es una tendencia natural del ser humano normal a ser más, pero en el sentido de ir aspirando a metas de perfección, a ser mejores personas, más consecuentes con los principios o ideales que inspiran su vida. Eso es lo que yo creo que está en la estructura psicológica del hombre y de la mujer sanos. Ahora bien, “cuando esta tendencia se desvirtúa aparecen falsos satisfactores, como los que propone la sociedad de consumo: ‘tenga más y será más’; ‘consuma más y será más feliz’.

A nuestro juicio, ésa es una invitación perversa, ya que se aprovecha de una aspiración sin límites –como es la autorrealización- para logros materiales y, por tanto limitados. Además, los bienes materiales son instrumentales y no objetivos finales como lo es el de la trascendencia.” [1]
Por lo demás, el hecho de acumular riquezas materiales pierde su justificación al momento de proyectarlas más allá de la satisfacción lógica y razonable de necesidades propias y familiares, dentro de un plazo de vida normal. Ni los bienes materiales ni los títulos ni los honores sociales podrán acompañarnos más allá de la tumba. Si consideramos este aspecto, podríamos deducir que la mejor inversión que podríamos hacer es la de orientar nuestra vida terrena hacia el desarrollo personal, en los términos que señalamos anteriormente, de la búsqueda de la propia perfección. Seguramente esos logros figurarán en los balances de lo trascendente, de lo que perdura más allá de la materia y de los tiempos.

Ahora, ésta no es tarea simple ya que pasa por reconocer y asumir nuestras imperfecciones y, en especial, abordarlas para su pulimento o eliminación. Y eso encierra una gran dificultad: nuestro propio ego. Es muy raro que un individuo común y corriente acepte de mutuo propio sus propios defectos y menos aún que esté dispuesto a emplear el bisturí o la picota para extirparlos, según la dimensión de los mismos. Pero sin esta etapa no puede haber un crecimiento personal real.

Esto se parece un tanto a la medicina. Si el médico no me muestra una radiografía con un pulmón socavado, no dejaré de fumar (aunque he conocido algunos que ni así lo dejan). Si hubiera un método de diagnóstico que nos mostrara los socavones de nuestros comportamientos, por donde escurren nuestras buenas intenciones, nuestros principios, nuestras energías, nuestras mejores posibilidades de realización, ¿usted estaría dispuesto a aplicárselo para orientar su vida hacia un destino superior? Le puedo asegurar que sí existen métodos muy precisos, tanto como una radiografía e, incluso, como un escáner, respecto de usted, de su carácter, de sus aptitudes, posibilidades y limitaciones.

Algo conozco lo que ofrece la numerología respecto a sus posibilidades diagnósticas. Es impresionante como el nombre y la fecha de nacimiento de una persona puede dar tanta luz acerca de características, que ni esa misma persona sospecha que posee. Nos puede mostrar, como ejemplo, su perfil de aptitudes, tanto artísticas como científicas o comerciales. También nos puede precisar qué aspectos de nuestro temperamento no se está expresando a cabalidad; si la persona no expresa toda su emocionalidad o toda su capacidad intuitiva u otras áreas de su personalidad. Como si esto fuera poco, la numerología también nos ofrece un verdadero mapa carretero de lo que fue, es y será nuestra vida, señalando con precisión los hitos de ese viaje. En esa “carta de navegación” aparecen las opciones que se nos presentarán o que ya se presentaron. Pero además, nos señala los acantilados o rocas ocultas para evitarnos un naufragio previsible.

En términos numerológicos, los primeros se denominan “pináculos” y los segundos “escollos”. Es destacable como esta sabiduría, siglos antes, se adelantó a los modernos conceptos que hoy se emplean en la administración de empresas y en toda actividad humana que involucre el esfuerzos de personas y el empleo de recursos. Me refiero a la “planificación estratégica”. Si una empresa aspira realmente al éxito, se preocupa de indagar lo siguiente: - cuáles son sus capacidades efectivas (personal capacitado, recursos, tecnología, etc.) – cuáles son las opciones que el medio le ofrece, en concordancia con dichas capacidades (estabilidad económica, política y social, estímulos y otros). Pero también se pregunta si tiene fragilidades que frente a los competidores o exigencias de los clientes, pudiera generarle dificultades o quizás el fracaso. Sobre la base de dichos estudios puede tomar sus decisiones con una mayor certidumbre.

Así, en nuestra tarea del desarrollo personal nos puede ser muy útil el conocer nuestras fortalezas y nuestras fragilidades. Sin estas informaciones, lo más probable es que nos perdamos en las nebulosas de la subjetividad o del autoengaño.

Si a usted le parece interesante puede buscar en Internet alguna de las muchas oportunidades que ahí se ofrecen para darle alguna orientación numerológica respecto a sus características personales. Si desea profundizar, puede consultar con algún numerólogo o numeróloga de su confianza. Y apriete los dientes por si le aparece algo que no le guste. Pero bien valdrá la pena un gesto de valentía por su realización personal.

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