21 enero 2006

La muerte a la luz del Budismo Tibetano

por Luis Eduardo Bastías
Según la creencia Budista Tibetana, el cuerpo de los seres está compuesto de 5 elementos (tierra, agua, aire, fuego y éter). Obviamente esto no debe entenderse literalmente. Esas palabras son sólo las traducciones al castellano de cinco palabras sánscritas (la lengua sagrada de la India). Si estos cinco elementos tuviéramos que describirlos en lenguaje científico moderno, diríamos que son: sólido (tierra), líquido (agua), gaseoso (aire), energía (fuego) y espacio (éter). En resumen, cuando el Budismo Tibetano dice que el cuerpo está compuesto de 5 elementos, lo que está diciendo, usando un lenguage de hace 2500 años, que el cuerpo está compuesto de materia (en sus tres estados), energía y espacio vacío.

La separación de los 5 elementos se entiende como el cese de funciones fisiológicas. Por ejemplo, al dejar de respirar, el elemento aire se separa de los otros y así sucesivamente.

Aunque el Budismo sostiene que no existe el alma, lo que sí existe es la psiquis entendida como conciencia, aunque esa palabra no es suficiente por que lo que en el Budismo se entiende por conciencia incluye por ejemplo al inconciente, entre otros elementos psíquicos.

Para el Budismo, la conciencia y el cuerpo no son independientes. Lo que le pasa a uno afecta al otro y viceversa. De hecho, cuerpo y conciencia son en realidad una sóla cosa y no dos. Voy a escojer la palabra castellana "ser" para referirme a esa única cosa.

El Budismo (no sólo el tibetano, sino cualquier forma de Budismo) enseña que este ser es impermanente. Esto significa, por ejemplo, que nadie es la misma persona que era hace siete años, ni física ni psicológicamente.

Como el ser está siempre cambiando, el paso de un estado al siguiente se denomina bardo, que significa tránsito o paso. en consecuencia el ser está permanentemente experimentando bardos, no sólo en el lapso que hay entre una "vida" y la siguiente. Sin embargo, el bardo por excelencia, es el bardo entre vidas.

En este bardo, el ser sigue existiendo, sólo que el cuerpo físico ha sido remplazado por un cuerpo sutil (algo así como un fantasma). Durante esta fase se tienen también vivencias que al ser le parecen tan reales como la vida.

Dependiendo de las cosas que el ser haga durante el bardo, las decisiones que tome y sus buenas y malas obras, se verá obligado a volver a nacer como cuerpo físico.

Según el Budismo (no solamente el Tibetano), esto le ocurre una y otra vez no sólo a los humanos, sino que también a los animales, incluidos los insectos e incluso a otros seres. Así continua la rueda de las vidas hasta que ese ser llegue a la Iluminación.

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